A cosa cuarenta días para alcanzar ‘mis primeros’ 56 años de robar oxígeno en este planeta, el Gran Head Coach me ha concedido tener a mi madre viva.

Con casi ochenta de edad, ella conserva su rebeldía y algo de energía para quejarse…pues de todo lo que le patea el hígado. Obvio que desde hace años cuenta con un teléfono inteligente que le permite acceder a redes sociales y expresar su opinión sobre… pues como la mayoría de nosotros, todo. Somos expertos en el tema que salga.
Y charlábamos de trivialidades hace días, que si la familia, los nietos y sus bisnietos con los que ya cuenta y de repente me pregunta en su lenguaje del hermosillense nacido en la primera mitad del siglo pasado ¿porqué sale tanta nota de gente pendeja en Facebook?
Hacía referencia a todos esos personajes que se han hecho famosos a cambio de no hacer… pues diría que nada, pero los papelones y los ridículos a nivel mundial de repente sirven para retacar las cuentas de banco
Con los tres dedos de frente que cargo se lo dije… porque le damos lo que llamamos ‘like’, o comentamos (para bien o para mal), o peor aún, compartimos.
Nos hemos hecho fans, la mayoría, de gente que no nos deja un gramo de provecho como no sea la distracción inmediata. Dicen que ya no tenemos ratos de ocio y sin el ocio de algunos inventores o descubridores, no se habrían dado avances científicos
Hemos convertido en millonarios a personas cuya única gracia es estar de bravucones y hablar malas palabras o de plano amagar con asesinar. Nuestras vistas en las redes sociales los benefician y no parece que quisiéramos dar marcha atrás
Las ‘celebridades’
Hemos votado por ellos en esos realitys show donde el morbo es la ley. ‘Quiero ver cuándo se bañe la fulana, el fulano’ Quiero verlo sentado en el baño como cualquier humano. Deseamos verlos arrearse guamazos y ya ni siquiera necesitamos coger un teléfono para emitir nuestra preferencia… y por no dejar, los hemos hecho parte de quienes nos gobiernan.
De repente una serie pone en el centro de atención a Mario Bezares. Yo no sé si a usted le cae bien o mal, a mí el señor me da exactamente lo mismo de quién resulte campeón en la liga de cricket en La India, me da igual.
Claro, sale en la televisión y lo primero que hace es el baile que lo lanzó a la fama y el mismo en el que se le cayó una sospechosa bolsa en vivo… ¿qué más esperaba que hiciera? ¿Qué más? Si nunca hizo más.
Y los apoyamos, caray, como si nos fueran a hacer un depósito. Creáme que por más que defienda a Lucía Méndez, quien a sus casi setenta, le ha dado por revelar quién la acosaba y quién no en sus años mozos, no le va redituar nada.

Debo presumirlo, hace ya algo de tiempo que mi habilidad de endiosar algún actor, actriz, músico, deportista y mucho, pero mucho, mucho, mucho menos a un político, se perdió como mi cintura. Caí en cuenta que no obtengo ninguna ganancia por ello.
Hemos perdido la mesura y nos lanzamos a la guerra en redes sociales por alguien que ni en el canijo mundo y sus galaxias circunvecinas nos hace y que sólo se enriquece… ¿o acaso se cree que ese jugador del que compró su camiseta a precio de dos de sus semanas de labor se lo va agradecer? Mi hermano en Cristo, a usted nadie lo obliga.
Y en una de esas, no sé, tenemos a Cuauhtémoc Blanco como aspirante a la Suprema Corte; o a Alfredo Adame; a Wendy Guevara, al Temach o a Mony Vidente, a como hemos sido de ‘buenos’ para elegir, no lo descarto. Muchas gracias.
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